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Bambis de Vaca por Ing. Miguel Dubarry Imprimir
Caza Mayor
Lunes, 28 de Mayo de 2012 21:15

Aplicando de manera integral el razonamiento de aquellos que pregonan la igualdad de derechos entre los animales y nuestra especie,...  surge la siguiente contradicción: Por un lado, algunos condenan tranquilamente a los “Bambis de vaca”, (“terneritos”), a una vida efímera, porque como carnívoros que somos, nos enloquecemos con su carne, no dudamos en criarlos para asesinarlos de la peor forma y transformarlos en trozos de cadáveres incinerados que al verlos, disparan nuestros jugos gástricos, ocultando nuestros sentimientos de amor y compasión; y por otro lado, compulsiva e hipócritamente, sin admitir razonamientos menos fundamentalistas, esos sostenedores de la igualdad de derechos entre los animales y el hombre; defienden a ultranza por ejemplo, a una especie prima hermana de los vacunos, los cérvidos; otorgándoles derechos casi humanos, declamándoles su amor. Su mayor paradigma, Bambi, exalta su sensiblerismo fundamentalista, condenando a los que de similar forma de lo que sucede con los vacunos mencionados, sin hipocresías, tratan a esa especie, como un recurso renovable.

 

            Podrían argumentar los que así se comportan, en aras de mantener estos placeres, y de defender la contradicción mencionada, que estas prácticas del consumo de carne y la utilización de subproductos de origen animal (cuero, etc.); son debidas a un comportamiento cultural, alcanzando ello para acallar sus conciencias y justificar sus actos; pero si esgrimimos lo cultural para justificar el holocausto sistemático de los vacunos, abarquemos también bajo estos conceptos el arte de la caza, máxime sabiendo ya, que la misma, realizada en forma correcta, colabora para el mantenimiento y mejoramiento de las especies, como así también, para la subsistencia de grandes sectores geográficos de nuestro planeta.

 

 

            En realidad, que diferencia existe entre un ternerito y un Bambi, para tan discímiles comportamientos? Ambos, como cachorros ó animales jóvenes que son, como sucede en la gran mayoría de los casos, inspiran sentimientos de protección y ternura. La diferencia reside en que ¡el primero tiene una carne deliciosa!……,y esto por sí solo, enmascara y anula todo el amor declamado. En cambio, en el segundo, cuya carne no les interesa mayormente, algunos pretenden volcar toda su capacidad amatoria e hipócritamente intentan, compulsivamente a veces, que los demás se adhieran a esta idílica pero irreal y poco efectiva forma de pensar nuestra relación con la naturaleza.

 

De esta manera, de acuerdo a los razonamientos de los falsos ecologistas mencionados, los “bambis de vaca” no deberían preocuparse, porque si bien están destinados a nacer para morir de la peor manera, es solo por un tema cultural del hombre, y no porque este no los ame como al de la película de Disney. Analizado desde un punto de vista cuantitativo, la caza deportiva del ciervo colorado se llevará alrededor de unos 1500 a 2000 animales por año en nuestro país, mientras que la faena de ganado vacuno supera esa suma en un día.

 

            También enmascara hipócritamente el comportamiento de los que así actúan, la modalidad normal del abastecimiento de carne, utilizando según su sistema de razonamiento simplista aquí ocultado, asesinos de vacas, a sueldo, (frigoríficos, matarifes),  que diluyen sus responsabilidades.

 

El ser humano tiene una extraordinaria capacidad para la negación de sus actos, especialmente cuando la realidad va en contra de sus intereses más primarios. (Atisbos de esta hipocresía, aparecen también con algunos partícipes de estas ideas, que no obstante no dudan en solicitar platos de ciervo y jabalí, cuando concurren a establecimientos que poseen este tipo de comidas.).

 

            Todas estas reflexiones son fundamentalmente, para aquellas personas que piensan de esa manera.

 

            Otras personas, entre ellas, los malvados cazadores entre los que me cuento, podremos ser calificados como violentos porque a veces matamos nuestra propia comida y no encargamos a terceros estas labores, pero somos coherentes con nuestros actos, comemos vacas y cazamos, somos amantes y respetuosos de la naturaleza, en parte por interés, porque nuestra actividad se desarrolla en ella.

 

Cabe no obstante, hacer una separación entre los que consideramos cazadores deportivos y gente que mata animales sin ton ni son; a estos últimos, obviamente no los encuadramos dentro de estos razonamientos, siendo los que mas cuestionamos estos comportamientos, la diferencia entre unos y otros, podría ser motivo de extensas reflexiones.

 

Como conclusión, nadie que sea consumidor de carne y que de alguna manera, use subproductos de origen animal, (cuero, vacunas, etc.) puede erigirse en juez del comportamiento de personas que como yo, hacen de la actividad de la caza, una pasión ancestral y un ejercicio de comunión con la naturaleza, considerada como un todo, y como un recurso renovable, cazando poco y bien, es decir, animales viejos que han cumplido con su ciclo vital reproductivo.

           

Finalmente, si nuestro amor a la naturaleza es racional, y no producto de un sensiblerismo acotado a los seres que no nos interesan, por ejemplo, como alimento; dediquemos nuestras energías al combate de los principales factores que atentan contra la misma, destino que por otra parte, es compartido por los verdaderos cazadores deportivos.

 

            Los reales factores que afectan al ecosistema y con el, a los animales salvajes, son la desforestación, el avance de la civilización, de las fronteras ganaderas y agropecuarias, la contaminación ambiental, los agroquímicos, el furtivismo indiscriminado, etc.

 

Ing. Miguel Dubarry

                  

 

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